top of page

Cartografías mestizas: Análisis iconográfico de los mapas de Santa Fe (de Bogotá) y Tunja del cacique Diego de Torres

  • Foto del escritor: Diego Martínez Celis
    Diego Martínez Celis
  • hace 2 días
  • 42 Min. de lectura

Actualizado: hace 6 horas

En 1584, el cacique mestizo de Turmequé, Diego de Torres, presentó ante Felipe II un Memorial de agravios acompañado de dos mapas de las provincias de Santa Fe (de Bogotá) y Tunja, los más tempranos que se conocen del altiplano cundiboyacense y del antiguo territorio muisca. A partir de un análisis iconográfico, este artículo muestra cómo estas imágenes no solo describen el territorio, sino que también funcionaron como una poderosa denuncia de los abusos coloniales y como testimonio de una forma de concebir el espacio donde se entrelazan saberes europeos y cosmovisiones indígenas.



"Montes y bravas sierras grandes y pobladas en este valle hubo sesenta y seis mil indios quando entraron los españoles agora lo que be ante este papel todo yermo”.

Diego de Torres, en una anotación sobre el mapa de la “Provincia de Tunja, sus pueblos y su jurisdicción”  (AGI / MP PANAMA 7. Archivo General de Indias, Sevilla, España).


"Soy de lejos tierras".

Diego de Torres, en carta dirigida a Antonio de Eraso, secretario del Consejo de Indias. (Archivo General de Simancas. Guerra y Marina, Lgs. 00171, 140, f.139r).


Días antes de su audiencia con el rey Felipe II, y obligado a refugiarse de las intensas lluvias que azotaban Madrid (1), don Diego de Torres (2) habría dedicado los primeros días de enero de 1584 a ultimar su “Memorial de agravios”. Al abrigo del frío invernal y a la luz vacilante de unas brasas, daría forma a un alegato sólido y cuidadosamente argumentado con el que buscaba informar, conmover y persuadir al monarca acerca de los múltiples abusos que las autoridades coloniales venían cometiendo contra los indígenas del Nuevo Reino de Granada. Como legítimo heredero del cacicazgo del repartimiento de Turmequé —parcialidad de Moyachoque, en la provincia de Tunja— reclamaba también la restitución del mando que le había sido arrebatado una década atrás, cuando su condición de mestizo fue utilizada como argumento para despojarlo de un derecho que consideraba propio por linaje y justicia.


Una vez revisados los dieciséis folios del manuscrito (3), debió comprender que la elocuencia de sus palabras podían reforzarse con imágenes. En una época en la que los levantamientos cartográficos eran escasos, resultaba probable que el rey desconociera la forma y la verdadera dimensión de aquellos territorios remotos bajo su dominio. Quizás guiado por esa intuición —y sostenido por la memoria y el conocimiento íntimo de su tierra— habría añadido los dos folios de más donde representó lo que entonces se concebía como las provincias de Santa Fe (de Bogotá) y Tunja.


En un ejercicio de introspección, se habría elevado mentalmente sobre el extremo nororiental de la cordillera de los Andes y, desde esa mirada amplia y dominante, trazaría con líneas ágiles pero firmes —con la seguridad de quien ha recorrido cada sendero y cada valle— los contornos del territorio. Sobre esa geografía situaría las dos ciudades hispánicas, cerca de ciento cincuenta poblados indígenas y los principales ríos, lagunas y límites jurisdiccionales; además incluiría varias notas al margen donde denunciaría el exterminio de miles de indios y el despoblamiento de extensos territorios. Finalmente, coronaría cada composición con un sol antropomorfo, imprimiendo a los mapas un sello, quizás simbólico, que trascendería lo meramente descriptivo.


Aquel gesto no solo fortalecía su mensaje político, sino que dio lugar a la creación de los dos mapas más antiguos que se conocen del territorio del actual altiplano cundiboyacense, en la región central de Colombia.


Sin embargo, más que considerar por ello al Cacique como un “pionero de la cartografía colombiana”, lo que le otorga a estos documentos su verdadero valor es su carácter estratégico. Los mapas funcionaron como una herramienta visual para dimensionar la extensión del territorio, la densidad de su población y la magnitud de los agravios cometidos tras casi cincuenta años de dominación colonial, que habían transformado profundamente la cultura muisca, de la cual don Diego se reconocía heredero por línea materna.


Aunque la vida y trayectoria del cacique mestizo de Turmequé han sido ampliamente estudiadas (4), sus mapas de Santa Fe y Tunja en conjunto han recibido menor atención. Las interpretaciones existentes se han centrado sobre todo en el contexto histórico que los produjo, dejando en segundo plano su significado como obra gráfica, fruto de una mentalidad híbrida que —como la de don Diego— oscilaba entre la tradición hispánica y la indígena.


En este artículo proponemos, además de un análisis iconográfico que desentrañe los elementos y convenciones presentes en estos mapas y los contraste con la configuración real del territorio, explorar la cosmovisión que podría estar subyacente en ellos. Buscamos identificar los posibles componentes de raigambre indígena que se entretejen en estos documentos excepcionales y comprenderlos no solo como piezas cartográficas, sino como expresiones culturales de una identidad mixta en tensión: aquella compleja síntesis histórica de la que, aún hoy, somos herederos los habitantes de la Sabana de Bogotá y de buena parte de los departamentos de Cundinamarca y Boyacá.


Cuarenta breves pero intensos años


Diego de Torres nació en 1549 en Tunja. Fue hijo del conquistador español Juan de Torres y de Catalina "de Moyachoque", hermana del cacique muisca Don Pablo de Turmequé, lo que lo situó desde su nacimiento en la frontera entre dos mundos: el indígena y el español. Durante su infancia y juventud se educó en Tunja, primero en una escuela para mestizos y luego bajo la orientación de los dominicos, donde aprendió gramática, moral y doctrina cristiana. Paralelamente, su madre le transmitió la lengua y la tradición muisca, cimentando en él una identidad profundamente arraigada en ambos universos culturales.


Luego de 1570, tras la muerte de su padre y de don Pablo, heredó por vía matrilineal y legalmente el cacicazgo de Turmequé. Sin embargo, su posición fue pronto cuestionada. En 1574, su medio hermano Pedro de Torres, encomendero de Turmequé, inició un pleito ante la Real Audiencia con el propósito de despojarlo del mando, alegando su condición de mestizo e hijo ilegítimo. El 10 de diciembre de ese año se dictó en Santa Fe una primera sentencia en favor de su hermano que le arrebató el cacicazgo, decisión que fue confirmada el 25 de octubre de 1575, ordenándose incluso la demolición de sus aposentos en Turmequé. Aquella resolución no solo significó la pérdida de su autoridad, sino una afrenta pública a su legitimidad y linaje.


Ante lo que consideró una profunda injusticia, emprendió a finales de 1575 o comienzos de 1576 un arriesgado viaje a España para apelar directamente ante el rey Felipe II. Entre 1576 y 1578 vivió en Madrid en condiciones económicas precarias, aguardando ser escuchado por el Consejo de Indias. Finalmente, en 1578 fue recibido por el monarca, a quien presentó un primer memorial en el que denunciaba la corrupción de los funcionarios coloniales y los abusos cometidos contra los indígenas. Como resultado de estas denuncias, el rey designó al licenciado Juan Bautista Monzón como visitador real para investigar la situación en el Nuevo Reino de Granada. El 19 de junio de 1579, Diego de Torres regresó a América, desembarcando en Cartagena junto al visitador.


Sin embargo, lejos de encontrar justicia inmediata, su retorno estuvo marcado por la persecución. El 17 de marzo de 1580 fue apresado en el camino a Santa Fe, acusado por la Real Audiencia de instigar una rebelión indígena. En mayo de ese año fue liberado bajo fianza, pero se le prohibió volver a Turmequé, debiendo permanecer en Santa Fe. En diciembre volvió a ser capturado, esta vez en Tamalameque, cuando intentaba hacer llegar al rey despachos secretos de Monzón; durante este episodio, su sobrino murió tras ser torturado por las autoridades. En febrero de 1581 logró escapar de la cárcel de Santa Fe a través de un agujero en la pared y huyó a las montañas cercanas a Turmequé, donde permaneció oculto durante casi dos años, viviendo como ermitaño. En ese mismo periodo, su hermano Pedro murió en prisión tras sufrir torturas, cerrando trágicamente el círculo del conflicto familiar.  


Diversas versiones imaginadas del aspecto del cacique de Turmequé Diego de Torres. 1. Portada de libro de Eufrasio Bernal (2012); 2. Pintura de Alberto Ortíz (2002); 3. Detalle del escudo oficial del municipio de Turmequé; 4. Detalle de escultura en el parque principal de Turmequé de Omar Santamaría.


Posible retrato o representación de Diego de Torres en un detalle de la pintura de Nuestra Señora del Rosario de Turmequé (s.f). Según el Museo de Arte Religioso de Turmequé "en los extremos inferiores, se representa al Cacique Don Diego de Torres y María Lucero". Fuente: Ver link


Retrato de Diego de Torres. Detalle (izq.) y dibujo completo (der.) de “La mortuoria de Pedro de la Torre, regidor de Tunja” (1584), adjuntado por Diego de Torres en una carta dirigida a Antonio de Eraso, secretario del Consejo de Indias, con el fin de convencer a las autoridades en España de diversas injusticias que requerían remedio. Dibujo en tinta sobre papel. Archivo General de Simancas, MPD, 26, 060.

 

En septiembre de 1582, tras la llegada de un nuevo visitador, Juan Prieto de Orellana, Diego de Torres decidió entregarse voluntariamente con la esperanza de limpiar su nombre. En mayo de 1583 fue enviado nuevamente a España para que el Consejo de Indias resolviera definitivamente su caso. Llegó a Madrid y el 22 de enero de 1584 presentó un nuevo memorial de agravios, acompañado de sus célebres mapas de las provincias de Tunja y Santa Fe. Ese mismo año contrajo matrimonio con la española Juana de Oropesa con quien tendría tres hijos.


Finalmente, el 20 de julio de 1587 el Consejo de Indias lo declaró inocente de los cargos de conspiración y rebelión. No obstante, la sentencia llegó tarde para restituir plenamente su vida y su autoridad. Murió en Madrid el 4 de abril de 1590, a los cuarenta años, en condiciones de pobreza y sin haber recuperado formalmente su cacicazgo. Sus funerales fueron costeados por la Corona, para la cual trabajó en sus últimos años como picador de caballos, cerrando así la vida de un hombre que dedicó su existencia a la defensa de su honor, su linaje y la justicia para su pueblo.


El lado indígena del “hijo del hijodalgo” (5)


Aunque en su autodefinición rechazó la etiqueta de “mestizo”, asociada a la ilegitimidad, Don Diego prefirió presentarse ante las instancias españolas como “hijo de español y cristiano”. Con ello buscaba destacar su “buena sangre” europea y reivindicarse como un mediador idóneo: un cacique cristiano capaz de gobernar conforme a las leyes de la Corona y de tender puentes entre el mundo indígena y el hispánico. Sin embargo, su identidad fue sistemáticamente criminalizada por los encomenderos y oidores, quienes lo tildaron de "mestizo en hábito de indio"(6).  Así, don Diego habitó un espacio liminal: demasiado español para ser un indio del común y demasiado indígena para ser aceptado plenamente por la élite colonial (7).


A pesar de la dualidad, la condición indígena de Diego de Torres y la pervivencia de sus costumbres nativas constituyen un eje central para comprender su papel como mediador en el Nuevo Reino de Granada. Su identidad se fundamentaba en un linaje noble dual: por el lado paterno era hijo del conquistador Juan de Torres (un hijodalgo)(8), pero su derecho legítimo al mando provenía de su madre, Catalina de Moyachoque, hermana del cacique don Pablo. Siguiendo la tradición matrilineal muisca, según la cual el cacicazgo se heredaba a través del hijo de la hermana mayor del gobernante anterior, Diego fue reconocido legalmente como sucesor. A pesar de haberse educado en español con los dominicos, Torres poseía un conocimiento fluido de la lengua muisca, la cual le fue enseñada por su madre y que utilizaba para dirigirse directamente a los caciques y naturales en sus reuniones, asegurándose de que todos le entendieran "muy bien" y sin intermediarios (9).


Al regreso de su primer viaje a España en 1579, la población indígena lo recibió con honores reservados a las altas dignidades prehispánicas, refiriéndose a él como un "cipa grande”, “rey e hijo del Sol (hoa)” (10) o "el señor de todo", y ofreciéndole tributos tradicionales consistentes en oro y mantas. En su residencia o "cercado" de Turmequé, según las versiones de varios testigos que declararon en su contra, Torres habría mantenido prácticas de estatus indígena, como el uso de mantas pintadas de colores para adornar su silla de mando y la participación en festividades donde se consumían bebidas tradicionales al ritmo de flautas y grandes caracoles blancos. El propio Torres justificaba el intercambio de presentes (como tejuelillos de oro o mantas) como una "costumbre entre los caciques" al visitarse mutuamente. 


Ofrendatario muisca que posiblemente representa a un cacique (psihipqua o tyba) sentado, pintado (embijado) y con sus símbolos. de poder. “Guaca de Chirajara, cerca de Quetame". Julio Racines. Colección Stubel- Reiss, 1882.


No obstante, esta cercanía a sus raíces nativas fue utilizada por sus adversarios para criminalizarlo. Su medio hermano, Pedro de Torres, lo acusó formalmente de una suerte de “travestismo ritual” (11), alegando que Diego se despojaba de sus "hábitos de español" para vestirse con mantas indígenas durante borracheras y que incluso llegaba a pintar con su propia mano ("embijar") a los indios en ceremonias que las autoridades consideraban ofensivas a la fe cristiana. Asimismo, se le acusó de incitar a las comunidades a recuperar sus "santuarios" y a mantener sus ritos antiguos, desafiando las campañas de extirpación de idolatrías. Frente a estos ataques, Torres navegó en una compleja ambigüedad, firmando oficialmente como "Don Diego de la Torre, cacique" y argumentando que su "buena sangre" española y su formación cristiana lo convertían en el protector ideal y legítimo de los "indios miserables" bajo la ley de la Corona.


Los mapas


Los mapas de las provincias de Tunja y Santafé que se exponen a continuación, fueron adjuntos a su segundo Memorial de agravios”, presentado el 22 de enero de 1584 ante el rey Felipe II. Este constituye una defensa exhaustiva de la inocencia de Diego de Torres, quien buscaba limpiar su nombre tras ser acusado injustamente de traición y rebelión por la Audiencia de Santafé. En este escrito, el Cacique de Turmequé no solo reclama su derecho legítimo al cacicazgo basado en su linaje materno, sino que despliega una denuncia integral contra la corrupción de los funcionarios coloniales y el maltrato sistemático a la población indígena.


Folios del Memorial de agravios de Diego de Torres, cacique de Turmequé. 1584.

Archivo General de Indias de Sevilla, PATRONATO,196,R.16.


Torres detalla cómo los encomenderos engañaban a los visitadores reales inflando el número de tributarios y cómo los oidores participaban en fraudes económicos, como el marcado de oro sin pagar los quintos reales o el uso de metales falsos. Asimismo, el memorial expone la crítica situación de despoblamiento en el Nuevo Reino de Granada, denunciando la muerte de miles de indígenas forzados a trabajar como bogas en el río Magdalena o trasladados ilegalmente a climas letales para su naturaleza. Un punto central es la denuncia de los atropellos cometidos por autoridades religiosas y civiles durante la supuesta extirpación de idolatrías, la cual sirvió de pretexto para el robo de "santuarios" y la tortura de caciques para obtener oro y mantas. Para dotar a su queja de una fuerza retórica y visual sin precedentes, Torres adjuntó los primeros mapas conocidos de las provincias de Tunja y Santafé, funcionando todo ello como un testimonio de primera mano sobre la injusticia en el territorio.


Mapas de “Provincia de Tunja, sus pueblos y su jurisdicción” (AGI / MP PANAMA 7) y “Plano de la provincia de Santa fe, sus pueblos y términos(AGI / MP PANAMA 8). Archivo General de Indias, Sevilla, España. Atribuidos a Diego de Torre, cacique de Turmequé, 1584. Adaptación y análisis de Diego Martínez Celis, Sabanografías, 2026.


Los mapas fueron dibujados a mano, en tinta sepia, sobre folios horizontales de aproximadamente 21 × 30 cm. Cada uno está dedicado a una provincia distinta, pero comparten los mismos códigos visuales o convenciones cartográficas y están trazados a una misma escala. De hecho, si se superponen, pueden hacerse coincidir de manera aproximada a partir de sus límites interiores.


Aunque a primera vista parecen bocetos rápidos destinados a plasmar de forma esquemática una noción general del territorio, un análisis detenido revela su verdadera complejidad y, sobre todo, su notable fidelidad en términos de escala, orientación y localización de los distintos poblados y accidentes geográficos.


Ambas provincias se orientan aproximadamente hacia el oriente, es decir que este punto cardinal, marcado por un Sol antropomorfo, correspondería a la parte superior, el norte a la margen izquierda, el occidente a la inferior, y el sur a la derecha. 


Para facilitar su lectura, realizamos una transcripción general a partir de su calco digital, tanto de los dibujos como de los textos (12). En ella procuramos conservar, en la medida de lo posible, la ortografía original, aunque empleando una tipografía serifada moderna (Minion Pro) para mejorar la legibilidad. Asimismo, aplicamos colores diferenciados a los distintos elementos y convenciones gráficas, que se describen y desglosan a continuación.


Transcripción general y convenciones de los mapas de “Provincia de Tunja, sus pueblos y su jurisdicción” (AGI / MP PANAMA 7) y “Plano de la provincia de Santa fe, sus pueblos y términos” (AGI / MP PANAMA 8). Archivo General de Indias, Sevilla, España. Atribuidos a Diego de Torre, cacique de Turmequé, 1584.Transcripción y análisis de Diego Martínez Celis, Sabanografías, 2026.


Límites y cerros 


El elemento que demarca los límites de cada una de las provincias es una línea ondulada que resaltamos en color verde.  Estas parecen representar el perfil de los cerros que se divisan a la distancia desde cualquier punto del territorio. Aunque no se conocen mapas oficiales de la época donde se acoten formalmente estos límites, los demarcados aquí por Diego de Torres, son muy similares a los que se relacionan en diversas descripciones y documentos de archivo (13)


Detalles de dibujos de límites y cerros en los mapas de “Provincia de Tunja, sus pueblos y su jurisdicción” (AGI / MP PANAMA 7) y “Plano de la provincia de Santa fe, sus pueblos y términos” (AGI / MP PANAMA 8). Archivo General de Indias, Sevilla, España. Atribuidos a Diego de Torre, cacique de Turmequé, 1584. Adaptación y análisis de Diego Martínez Celis, Sabanografías, 2026.


Para el caso de Santa Fe, el área representada equivaldría aproximadamente a 10.700 km2, limitando al oriente por la región de “Los Llanos”, al norte con la provincia de Tunja, al occidente con los “términos de Muso”,  la región de los indios “Colimas” y los “términos de la Palma y Remedios”, y hacia el sur con los “términos de la ciudad de Tocayma que es tierra caliente” y el “Balle de Neiba”.


Respecto a la provincia de Tunja, de aproximadamente 12.000 km2, limita al oriente con “Los Llanos” y “serranías”, al norte con los “términos de  ciudad de Pamplona”, al occidente con los “términos de la ciudad de Velez” y el “Destrito de Muso, términos de la ciudad de La Trinidad”, y al sur con el “Destrito de la ciudad de Santa Fe”.


Límites, cerros y otras regiones en los mapas de “Provincia de Tunja, sus pueblos y su jurisdicción” (AGI / MP PANAMA 7) y “Plano de la provincia de Santa fe, sus pueblos y términos” (AGI / MP PANAMA 8). Archivo General de Indias, Sevilla, España. Atribuidos a Diego de Torre, cacique de Turmequé, 1584. Transcipción y análisis de Diego Martínez Celis, Sabanografías, 2026.


La suma de las dos áreas corresponderían aproximadamente con lo que hoy se conoce como “Altiplano Cundiboyacense” (14), que para varios autores, también coincidiría con los límites del antiguo territorio muisca (15)


Comparación de los territorios del Altiplano Cundiboyacense (con base en Argüello, 2023) y de las Provincias de Tunja y Santa Fe (con base en Diego de Torres, 1584). Mapa Base: Wikipedia. Adaptación y análisis de Diego Martínez Celis, Sabanografías, 2026.



Mapas del territorio muisca según varios autores: 1. "Carta del territorio de los Chibchas" de Manuel María Paz, 1894. 2. "Terriotrio muisca a la llegada de los españoles" de Falchetti y Plazas, 1972, 3. "Altiplano cundiboyacense" y seis regiones con asentamiento prehipánico, de Argüello, 2023, 4. "Territorio muisca" de Martínez Celis, 2021.


Además de las áreas jurisdiccionales correspondientes a los términos de las ciudades de Santa Fe y Tunja —denominadas por Diego de Torres como “provincias”—, los mapas señalan también los linderos con otros términos de fundaciones españolas como Vélez, Pamplona, La Trinidad (de los Muzos), La Palma, Tocaima o Mariquita, así como con territorios indígenas como el de los Colimas. Estos espacios se localizan en ámbitos que presentan rasgos geomorfológicos, altitudinales, ambientales, climáticos e incluso culturales diferenciados, lo que permite comprenderlos como zonas distintas al propio Altiplano Cundiboyacense.


Respecto al límite entre las provincias de Santa Fe y Tunja —que en buena medida pervive hoy en la frontera entre los departamentos de Cundinamarca y Boyacá—, desde el punto de vista geográfico este parece haber estado asociado al nacimiento y a la cuenca alta del río Bogotá. Más hacia el occidente, la línea divisoria se proyectaría por la mitad de la "laguna de Tinjaca" (hoy Fúquene), mientras que hacia el oriente seguiría la divisoria de aguas entre la cuenca del río Guavio y el valle de Tenza. No obstante, dado que estos accidentes naturales no siempre configuran límites claramente discernibles en el terreno, es posible que la separación entre ambas provincias coloniales tenga un trasfondo más antiguo, vinculado a los dominios de grupos muiscas prehispánicos diferenciados, cuyos territorios habrían sido posteriormente reinterpretados y formalizados en el ordenamiento colonial (16).


Otros ámbitos e hitos del medio geográfico que Diego de Torres identifica y sitúa como referentes limítrofes de estas dos provincias son ciertas serranías al oriente de Tunja —probablemente correspondientes a los páramos de Pisba y sus estribaciones—, que el autor representa mediante conjuntos de líneas curvas, recurso gráfico que sugiere un relieve abrupto o una vegetación densa. Asimismo, señala como confines Los Llanos Orientales y el valle de Neiva, ampliando así el marco territorial hacia espacios que, aunque por fuera del Altiplano, resultaban fundamentales para comprender las conexiones y contrastes ecológicos y políticos de la región.


Cuerpos de Agua


Los límites provinciales antes descritos aparecen interrumpidos por diversos cuerpos de agua —representados en nuestro análisis mediante líneas onduladas azules—. Se trata de ríos y lagunas que nacen dentro de sus respectivos términos y que parecen señalar tanto brechas naturales de acceso al territorio como corredores de comunicación con regiones vecinas.


Tipos cuerpos de agua  (lagunas y ríos). Detalles de los mapas de “Provincia de Tunja, sus pueblos y su jurisdicción” (AGI / MP PANAMA 7) y “Plano de la provincia de Santa fe, sus pueblos y términos” (AGI / MP PANAMA 8). Archivo General de Indias, Sevilla, España. Atribuidos a Diego de Torre, cacique de Turmequé, 1584. Adaptación y análisis de Diego Martínez Celis, Sabanografías, 2026.


Cuerpos de agua en los mapas de “Provincia de Tunja, sus pueblos y su jurisdicción” (AGI / MP PANAMA 7) y “Plano de la provincia de Santa fe, sus pueblos y términos” (AGI / MP PANAMA 8). Archivo General de Indias, Sevilla, España. Atribuidos a Diego de Torre, cacique de Turmequé, 1584. Transcripción y análisis de Diego Martínez Celis, Sabanografías, 2026.


En la provincia de Tunja se ubican, hacia el oriente, tres ríos que descienden hacia Los Llanos: “La Pesqueria” (quizá el Casanare), el “Rio Meta” (posiblemente el Garagoa, que más adelante se une al Lengupá y desemboca en el Meta) y otro sin nombre que podría corresponder al Upía, el cual se muestra saliendo de la “laguna de 4 leguas”, identificable con la laguna de Tota. Hacia el occidente aparece el “Rio de Oro” (17), que probablemente alude al Chicamocha–Sogamoso; el “Rio de Velez”, que podría corresponder al Moniquirá; y el “Desaguadero de la laguna [de Tinjacá]”, identificable con el río Suárez. Hacia el sur se señala el “Rio que pasa por Santafe”, indudablemente el río Bogotá, representado naciendo dentro de los términos de esta provincia, en lo que hoy corresponde al municipio de Villa Pinzón. En el extremo suroccidental se esboza además la “laguna de 7 leguas”, que correspondería a la laguna de Tinjacá (hoy Fúquene), la cual en el mapa de Santa Fe aparece marcando frontera entre ambas provincias.


En la provincia de Santa Fe, el respectivo mapa destaca de manera preponderante, hacia el centro, el “Rio de Bogota” atravesando el territorio de norte a sur y dividiéndolo en dos, para luego encontrarse, más allá de sus límites, con el “Rio de la Magdalena”. Este gran curso fluvial —que además recibe más al sur un afluente que podría ser el río Sumapaz— ocupa una parte significativa de la composición cartográfica y se representa con un caudal mucho más amplio, fluyendo hacia el norte. Hacia el oriente, los límites provinciales se interrumpen con el “Rio Gacheta” y con otro curso sin nombre que podría identificarse con el río Negro, que pasa por Choachí y desciende hacia Los Llanos. En el extremo noroccidental resalta un gran cuerpo de agua correspondiente a la “Laguna de Tinjaca” (hoy Fúquene), junto con su desaguadero al norte —el río Suárez—, ambos también representados en el mapa de Tunja. Más allá de su función limítrofe, en esta provincia se localiza además una pequeña “Laguna” cerca del poblado de “Guatabita” que, por su forma y proporción, parece corresponder sin duda a la célebre Laguna de Guatavita asociada al mito de El Dorado.


Ante la ausencia de caminos explícitamente trazados en estos mapas, los ríos representados parecen asumir la función de señalar las principales vías de acceso y comunicación, tanto entre las dos provincias como con los territorios circundantes. Más que simples accidentes naturales, estos cursos de agua se configuran así como ejes estructurantes del espacio, articulando el territorio y sugiriendo las rutas de intercambio, tránsito y contacto interregional.  


Poblados


Mediante pequeños cuadrados o rectángulos —rellenos o delineados— coronados por una cruz, se representan en los mapas las que serían las “iglesias que están en los pueblos de los indios”. Estos símbolos aparecen distribuidos de manera relativamente equidistante a lo largo y ancho de las dos provincias, configurando una malla de asentamientos articulada en torno a la presencia eclesiástica.


Tipos de representaciones de poblados (ciudades y pueblos de indios). Detalles de los mapas de “Provincia de Tunja, sus pueblos y su jurisdicción” (AGI / MP PANAMA 7) y “Plano de la provincia de Santa fe, sus pueblos y términos” (AGI / MP PANAMA 8). Archivo General de Indias, Sevilla, España. Atribuidos a Diego de Torre, cacique de Turmequé, 1584. Adaptación y análisis de Diego Martínez Celis, Sabanografías, 2026.


Poblados en los mapas de “Provincia de Tunja, sus pueblos y su jurisdicción” (AGI / MP PANAMA 7) y “Plano de la provincia de Santa fe, sus pueblos y términos” (AGI / MP PANAMA 8). Archivo General de Indias, Sevilla, España. Atribuidos a Diego de Torre, cacique de Turmequé, 1584. Transcripción y análisis de Diego Martínez Celis, Sabanografías, 2026.


En la provincia de Tunja, su cabecera se distingue por la iglesia de mayor tamaño dentro de su jurisdicción. En su territorio se distribuyen 99 pueblos, de los cuales 31 están identificados con nombre: “Tequia”, “Tunebos”, “Chiscas”, “Cocui”, “Chita”, “Chicamocha”, “Guacamayas”, “Soata”, “Onzaga”, “Olavita”, “Mongua”, “Chitegota”, “Cerinza”, “Duitama”, “Paipa”, “Tuta”, “Oicata”, “Sotaquira”, “Suta y Saquensipa”, “Chiquinquira”, “Lenguazaque”, “Turmeque”, “Sunuba”, “Somondoco”, “Garagoa”, “Tota”, “Sogamozo”, “Toca” y “Chivata”. La totalidad de estos topónimos corresponde a la lengua chibcha y, en su mayoría, pervive en los nombres de los actuales municipios —aunque en ciertos casos con ortografías ligeramente modificadas—. Otros, en cambio, han desaparecido como entidades administrativas o subsisten apenas como denominaciones veredales.


En la provincia de Santa Fe, la iglesia más sobresaliente es la de la ciudad homónima. En torno a ella se distribuyen 51 poblados, 18 de los cuales aparecen nombrados con topónimos de lengua chibcha y 1 en español: “Choconta”, “Macheta”, “Gacheta”, “Chiuachi, “Gaqueza”, “Sutagaos”, “Guatabita”, “Guasca”, “Teusaca”, “Fuzagasuca”, “Simixaca”, “Susa”, “Hubate”, “Pacho”, “Bogota”, “Sipacon” y “La Villeta”.


En el extremo norte de Tunja y en el sur de Santa Fe, Diego de Torres dibujó además sendas iglesias que parecen aludir menos a poblados concretos que a zonas ocupadas por grupos indígenas distintos de los muiscas, como los “Tunebos” y los “Sutagaos”, lo que sugiere una diferenciación étnica dentro del espacio representado.


La representación de estos cerca de 150 poblados indígenas que saturan el espacio, tendría como fin "inundar" visualmente el mapa para recordar al rey que todos esos habitantes eran súbditos de la Corona y cristianos cuyos derechos debían ser garantizados (18)

 

Distancias y rumbos


Un elemento particularmente singular que acompaña la representación de varios pueblos (16 en Tunja y 11 en Santa Fe) son dibujos de manos con el dedo índice extendido, acompañadas de un número. Estas figuras indican la distancia en leguas (19) hasta la ciudad cabecera de cada provincia, así como el rumbo u orientación hacia la misma. Se trata de una convención gráfica ingeniosa que funciona como dispositivo mnemotécnico y espacial, permitiendo inferir de manera aproximada la extensión y dimensiones (20) de cada territorio en ausencia de una cartografía métrica moderna.  


Tipos de manos indicadoras de rumbo y distancia. Detalles de los mapas de “Provincia de Tunja, sus pueblos y su jurisdicción” (AGI / MP PANAMA 7) y “Plano de la provincia de Santa fe, sus pueblos y términos” (AGI / MP PANAMA 8). Archivo General de Indias, Sevilla, España. Atribuidos a Diego de Torre, cacique de Turmequé, 1584. Adaptación y análisis de Diego Martínez Celis, Sabanografías, 2026.


Manos indicadoras de rumbo y distancia en los mapas de “Provincia de Tunja, sus pueblos y su jurisdicción” (AGI / MP PANAMA 7) y “Plano de la provincia de Santa fe, sus pueblos y términos” (AGI / MP PANAMA 8). Archivo General de Indias, Sevilla, España. Atribuidos a Diego de Torre, cacique de Turmequé, 1584. Transcripción y análisis de Diego Martínez Celis, Sabanografías, 2026


Con el propósito de indagar en el conocimiento y grado de aproximación que Diego de Torres pudo tener sobre las distancias y dimensiones de estos territorios, se presentan a continuación las distancias entre diversos poblados y sus cabeceras provinciales. El comparativo se expresa en leguas de la época y kilómetros, utilizando como referencia la mediana entre las distancias aproximadas en línea recta y las obtenidas por rutas actuales.


Tabla de distancias y porcentajes de aproximación entre la ciudad de Tunja y los pueblos de indios de su jurisdicción. Con base en datos de los mapas de Diego de Torres (1584) y de https://www.distance.to/ , Diego Martínez Celis, Sabanografías, 2026.


Tabla de distancias y porcentajes de aproximación entre la ciudad de Santa Fe y los pueblos de indios de su jurisdicción. Con base en datos de los mapas de Diego de Torres (1584) y de https://www.distance.to/ , Diego Martínez Celis, Sabanografías, 2026.


Del análisis anterior se puede deducir que, en el cálculo de las distancias, Diego de Torres alcanzó una aproximación cercana al 80 % para Tunja y al 83 % para Santa Fe, en comparación con los datos disponibles en la actualidad para estos mismos territorios. Estos porcentajes permiten considerar su estimación como notablemente alta, especialmente si se tienen en cuenta las limitaciones técnicas y los sistemas e instrumentos de medición de su tiempo. 


Por otra parte, en relación con los rumbos o ángulos de orientación de los distintos poblados respecto de la cabecera provincial, presentamos a continuación los datos obtenidos a partir de la proyección de una circunferencia desde cada una de estas ciudades capitales y de la medición de los ángulos formados por las líneas que conectan con los poblados señalados mediante el símbolo de la mano indicadora.


Rumbos entre las ciudades de Tunja y Bogotá (Santa Fe) y los pueblos de indios de sus respectivas jurisdicciones. Mapa base: Google Earth. Adaptación y análisis de Diego Martínez Celis, Sabanografías, 2026.


Ángulos de los rumbos entre las ciudad de Tunja y los pueblos de indios de su jurisdicción. Con base en detalle de mapas de Google Earth (2026) y de Diego de Torres (1584) . Adaptación y análisis de Diego Martínez Celis, Sabanografías, 2026.


Tabla de grados de rumbos y porcentajes de aproximación entre la ciudad de Tunja y los pueblos de indios de su jurisdicción. Con base en datos de los mapas de Diego de Torres (1584) y de https://www.distance.to/ , Diego Martínez Celis, Sabanografías, 2026.


Ángulos de los rumbos entre las ciudad de Tunja y los pueblos de indios de su jurisdicción. Con base en detalle de mapas de Google Earth (2026) y de Diego de Torres (1584) . Adaptación y análisis de Diego Martínez Celis, Sabanografías, 2026.


Tabla de grados de rumbos y porcentajes de aproximación entre la ciudad de Santa Fe y los pueblos de indios de su jurisdicción. Con base en datos de los mapas de Diego de Torres (1584) y de https://www.distance.to/ , Diego Martínez Celis, Sabanografías, 2026.


De manera análoga a lo observado en el cálculo de las distancias, en lo relativo a los rumbos los grados de aproximación alcanzados por Diego de Torres —al compararlos con una medición actual realizada con base en Google Earth— fueron del 124 % para la provincia de Tunja y del 103 % para Santa Fe. Estos resultados permiten constatar, también en este aspecto, un notable nivel de precisión en sus estimaciones.


Anotaciones


Quizás el recurso comunicativo y persuasivo más explícito que Diego de Torres plasmó en estos mapas lo constituyen diversas anotaciones inscritas tanto en el cuerpo del dibujo como en sus márgenes. Estas notas resultan fundamentales para comprender el carácter de los mapas no solo como representaciones territoriales, sino como verdaderos instrumentos de denuncia


Tipos de anotaciones. Detalles de los mapas de “Provincia de Tunja, sus pueblos y su jurisdicción” (AGI / MP PANAMA 7) y “Plano de la provincia de Santa fe, sus pueblos y términos” (AGI / MP PANAMA 8). Archivo General de Indias, Sevilla, España. Atribuidos a Diego de Torre, cacique de Turmequé, 1584. Adaptación y análisis de Diego Martínez Celis, Sabanografías, 2026.


Anotaciones en los mapas de “Provincia de Tunja, sus pueblos y su jurisdicción” (AGI / MP PANAMA 7) y “Plano de la provincia de Santa fe, sus pueblos y términos” (AGI / MP PANAMA 8). Archivo General de Indias, Sevilla, España. Atribuidos a Diego de Torre, cacique de Turmequé, 1584. Transcripción y análisis de Diego Martínez Celis, Sabanografías, 2026


Con base en su tamaño y posición, es posible distinguir tres niveles de texto:


1. Títulos. Corresponden a los encabezados que nombran el territorio representado:


  • “Prova de Tunja y sus pueblos y juridon” (Provincia de Tunja y sus pueblos y jurisdicción).

  • “Prova de Santa ffe en donde la [real] aua rreside con sus ríos pueblos y juri[don]” (Provincia de Santa Fe en donde la Real Audiencia reside, con sus ríos, pueblos y jurisdicción).


Estos títulos delimitan el espacio político-administrativo y enmarcan la lectura del mapa.


2. Comentario principal explicativo. Se trata de un texto de mayor extensión que orienta la interpretación del dibujo. En el mapa de Tunja se lee:


  • “Lo q en este papel está trazado es la provincia de Tunja en donde está una ciudad de españoles llamada del mesmo nombre de la tierra Tunja y lo que esta ciudad tiene de términos a todos lados se señala y todas las demás son las iglesias que están en los pueblos de los indios para que se entienda mejor lo que alcanza de términos y con quien alinda por los lados”.


Este comentario explica la organización espacial, la centralidad de la ciudad española y la identificación de los pueblos indígenas a través de sus iglesias, subrayando la noción de jurisdicción y linderos.


3. Notas puntuales o marginales. Son anotaciones más pequeñas que acompañan lugares o accidentes específicos, con frecuencia señaladas por el símbolo de una mano indicadora.


En la provincia de Tunja, hacia el noroccidente, se lee:


  • “Nota. Montes y bravas sierras grandes y pobladas en este valle hubo sesenta y seis mil indios quando entraron los españoles agora lo que be ante este papel todo yermo”.


Y hacia el nororiente, más allá de los límites provinciales:


  • “Entra en los llanos yermo”.


Ambas notas enfatizan el carácter despoblado de los territorios y sugieren que dicho despoblamiento fue consecuencia de la conquista y de los malos tratos infligidos a la población indígena durante los primeros años del dominio español.


En la provincia de Santa Fe, al suroriente, aparece la anotación “Por conquistar”, en referencia a la región de los indígenas pijaos, quienes por entonces resistían activamente la ocupación española. Hacia el occidente, sobre el río Magdalena, se lee “Canoas del río de la Magdalena”, explicando el dibujo de una embarcación (champán). Más abajo, junto el mismo cauce, se anota:


  • “En este río abía ynfinidad de yndios todos los an consumido en la cruel boga que de más de cincuenta mill yndios no an quedado ninguno”.


Estas anotaciones permiten advertir con claridad las consecuencias de la explotación de la mano de obra indígena —particularmente en la boga del Magdalena— y evidencian que la dinámica violenta de la conquista seguía activa en los territorios circundantes. En conjunto, los textos refuerzan la dimensión testimonial y acusatoria de los mapas, convirtiéndolos en piezas cartográficas atravesadas por una profunda intencionalidad política.


Otros elementos


A pesar del carácter directo y sintético de los mapas, el autor incluyó algunos otros elementos que, a pesar de su sutileza, permiten entrever algunos aspectos que van más allá de la simple representación.


Soles: La ubicación superior y central de los soles antropomorfos que encabezan los mapas de ambas provincias constituye un rasgo significativo. En principio, podrían interpretarse como simples indicadores de orientación hacia el oriente; sin embargo, su carácter figurado sugiere una posible carga simbólica. Más allá de señalar un punto cardinal, el Sol podría aludir a una deidad tutelar, en consonancia con la importancia que este astro tuvo para diversos pueblos indígenas, entre ellos los muiscas. Aunque la presencia de soles no resulta extraña en la cartografía medieval y renacentista europea, la reiteración de estas figuras antropomorfas en ambos mapas podría revelar la persistencia de una cosmovisión indígena en el autor —cacique mestizo—, en la que el espacio y la existencia se ordenarían bajo la influencia de los ritmos de los cuerpos celestes.


Soles antropomorfos. Detalles de los mapas de “Provincia de Tunja, sus pueblos y su jurisdicción” (AGI / MP PANAMA 7) y “Plano de la provincia de Santa fe, sus pueblos y términos” (AGI / MP PANAMA 8). Archivo General de Indias, Sevilla, España. Atribuidos a Diego de Torre, cacique de Turmequé, 1584. Adaptación y análisis de Diego Martínez Celis, Sabanografías, 2026.


Soles antropomorfos. Detalles en diversos mapas de las Relaciones Geográficas de Indias de la colección de la Real Academia de la Historia de España, siglos XVI y XVII. Fuente: Aquí


Embarcación: Bajo la inscripción “canoas del río de la Magdalena”, Diego de Torres representó en el curso del río Magdalena no una nave genérica, sino lo que puede identificarse como un champán. Este tipo de embarcación se distinguía —como se aprecia en el dibujo— por una tolda semicilíndrica construida con guadua y hojas de palma tejidas, destinada a resguardar la carga y a los pasajeros de las inclemencias del trayecto, así como por las largas pértigas utilizadas por los remeros o bogas para apoyarse en el lecho del río y propulsar la nave contracorriente. La implementación sistemática de este medio de transporte desde los inicios de la Conquista, sumada a la extrema dureza del trabajo que exigía, habría provocado —según denuncia el propio Cacique de Turmequé— la muerte y desaparición de miles de indígenas. Ante la progresiva escasez de mano de obra nativa, se recurrió posteriormente a personas esclavizadas traídas desde África. Pese a su origen colonial y a las condiciones que lo rodearon, la boga en champán continuó practicándose en la región hasta bien entrado el siglo XX. 


Champán sobre el río Magdalena. Detalle del mapa “Plano de la provincia de Santa fe, sus pueblos y términos” (AGI / MP PANAMA 8). Archivo General de Indias, Sevilla, España. Atribuidos a Diego de Torre, cacique de Turmequé, 1584. Adaptación de Diego Martínez Celis, Sabanografías, 2026.


Representación de champanes. 1. Detalle del mapa de la Villa de Tenerife. 1580. Colección de la Real Academia de la Historia de España, Fuente: Aquí 2. "Le champan". Diseño de A. de Neuville, con base en un croquis de Charles Saffray, 1869.


Puente: Mediante unos pocos trazos se sugiere en el mapa de la provincia de Santa Fe lo que podría identificarse como el más célebre de los puentes sobre el río Bogotá. Esta estructura, entonces construida en madera, hacía posible el trazado del camino o camellón de occidente, que comunicaba a Santa Fe con la Sabana, el valle del Magdalena y, en última instancia, con las rutas que enlazaban con Europa. Aunque en estos mapas no se representaron caminos de manera explícita, la inclusión del puente refuerza la idea de una cartografía atenta no solo a los límites jurisdiccionales, sino también a cierta infraestructuras estratégicas que articulaban el territorio colonial y permitían su conectividad.


Izq. Puente sobre el río de Bogotá. Detalle en el “Plano de la provincia de Santa fe, sus pueblos y términos”. Atribuido a Diego de Torre, cacique de Turmequé, 1584. Archivo General de Indias, Sevilla, España. Der. Puente sobre el río de Bogotá. Detalle de “Pintura de las tierras, pantanos y anegadizos del pueblo de Bogotá”, 1614. AGI, MP-PANAMA,336.



Indicios de cosmovisión indígena muisca representados en los mapas


En su reclamación ante Felipe II, Diego de Torres recurrió a estrategias retóricas, textuales y visuales claramente inscritas en los códigos de la cultura hispánica. No obstante, su condición de mestizo —con un linaje indígena significativo— permite plantear la hipótesis de que en sus mapas hayan quedado también impresos rasgos vinculados a su identidad muisca.


A diferencia de los pueblos mesoamericanos, que contaban con tradiciones pictográficas y de escritura consolidadas y que durante el periodo colonial produjeron mapas de filiación marcadamente indígena (21), en el altiplano cundiboyacense no se tiene evidencia de un sistema de escritura formal ni de una tradición cartográfica previa entre los muiscas. En este contexto, la obra de Diego de Torres se situaría en el umbral de una primera generación nacida en el territorio bajo dominio español que accedió a procesos de letramiento (22), adquiriendo habilidades para escribir y representar gráficamente el espacio conforme a modelos europeos. Sin embargo, el hecho de que las técnicas empleadas —la escritura alfabética y el dibujo cartográfico— provengan del repertorio cultural hispánico no excluye la posibilidad de que su apropiación haya estado mediada por categorías simbólicas propias del mundo indígena. En otras palabras, aunque la forma responda a convenciones europeas, el modo de organizar el espacio, jerarquizar ciertos elementos o dotarlos de significado podría revelar la persistencia de una sensibilidad territorial arraigada en la cosmovisión muisca.


Así, más que buscar una cartografía “indígena” en sentido estricto, cabría indagar en aquellos indicios sutiles —iconográficos, simbólicos o espaciales— que sugieren una lectura del territorio no exclusivamente administrativa o geométrica, sino también simbólica y cosmológica. En esa intersección entre técnica occidental aprendida e identidad indígena heredada podría situarse uno de los aportes más singulares de estos mapas: la expresión, aunque matizada, de una memoria y una manera de concebir el mundo que no queda completamente absorbida por los modelos coloniales.


En este orden de ideas, un primer aspecto a considerar es la disposición horizontal y la orientación general de los mapas, cuyo hito superior y central es el Sol. Este astro antropomorfo, representado naciendo por el oriente, parece cumplir una función que desborda la mera convención cartográfica. Más que un simple indicador direccional, se presenta como una presencia celeste bajo cuya mirada se organiza el espacio y ante la cual parecen situarse —y rendir cuenta— todos sus habitantes, sin distinción entre españoles e indígenas. Por su carácter omnipresente podría establecerse un paralelo con el dios cristiano; sin embargo, también es sabido que el Sol ocupaba un lugar preponderante en la religiosidad muisca, lo que abre la posibilidad de una lectura simbólica en clave indígena.


Bajo el Sol se dibujan los perfiles de los cerros, que en el Altiplano Cundiboyacense coinciden, al amanecer, con el horizonte oriental. Estas elevaciones aparecen como una secuencia ondulante y serpenteante que se proyecta aproximadamente en sentido norte–sur, a cuyas faldas se emplazan la mayoría de los asentamientos de origen prehispánico, posteriormente reorganizados como pueblos de indios en la estructura colonial. En el paisaje representado también se distinguen, generalmente en planos más lejanos, otros cerros que pueden interpretarse como los confines naturales de cada valle o del territorio en su conjunto. No parece casual, entonces, que Diego de Torres haya recurrido a la línea ondulada para señalar los límites jurisdiccionales: un recurso gráfico que remite a un rasgo topográfico profundamente identitario para los habitantes de la región, marcado por el contraste entre la horizontalidad de la sabana y la verticalidad y sinuosidad de los sistemas montañosos circundantes.


Otro elemento significativo es la elección de ríos y lagunas —y no de caminos— como ejes articuladores del territorio. Son las corrientes de agua las que abren brechas naturales entre los cerros y hacen posible la comunicación entre las provincias de Tunja y Santa Fe, así como con regiones más amplias como los llanos o el valle del Magdalena. El hecho de que sea el agua el elemento conector sugiere la posible pervivencia de la preponderancia simbólica que este componente tenía en la cosmovisión muisca. Para este pueblo, el agua no solo estaba asociada a mitos de origen, sino también a espacios de mediación con entidades sagradas, donde se realizaban ofrendas y rituales.


En este sentido resultan particularmente elocuentes la representación de la Laguna de Guatavita —escenario de profundas significaciones rituales y asociada a la tradición de El Dorado— y del río Bogotá, trazado en toda su extensión de manera serpenteante y en paralelo a los cerros orientales, dividiendo en dos el territorio de la provincia de Santa Fe. La centralidad visual de estos cuerpos de agua refuerza la idea de que el mapa no solo organiza un espacio administrativo, sino que también deja entrever una concepción del territorio donde los elementos naturales —especialmente el agua— poseen una dimensión estructurante, simbólica y, posiblemente, sagrada.


Un último aspecto digno de consideración es la representación conjunta de las dos provincias. Aunque aparecen diferenciadas, la similitud en la escala, la disposición horizontal y los códigos visuales compartidos permite interpretarlas también como partes de una unidad mayor. Esta lectura sugiere implícitamente un principio de dualidad que, según diversos autores (23), habría sido transversal a la simbología y a la cosmovisión de los grupos de los Andes orientales.


La identificación de pares complementarios u opuestos en distintos ámbitos de la existencia —vida/muerte, día/noche, arriba/abajo, masculino/femenino, creación/destrucción— constituiría uno de los fundamentos del equilibrio cosmológico andino. Desde esta perspectiva, la organización del mundo no se basaría en la exclusión, sino en la tensión armónica entre contrarios. Tal esquema simbólico podría haber permeado también las formas de organización política prehispánica, como lo evidencia la diferenciación entre el territorio del"Zipa", al sur, y el del "Zaque", al norte (24).


En este contexto, la posterior configuración colonial de las provincias de Santa Fe y Tunja puede comprenderse no solo como una reorganización administrativa impuesta por la Corona, sino también como una superposición sobre una estructura territorial previa articulada en clave dual. Aunque en apariencia semejantes, ambos espacios contienen rasgos que los distinguen y, al mismo tiempo, los complementan; entre ellos, la dirección de sus cursos de agua y la forma en que estos estructuran internamente el territorio. En el caso de Santa Fe, el río río Bogotá recorre la sabana en dirección suroccidente para finalmente tributar sus aguas al gran eje fluvial del río Magdalena. En contraste, en el territorio de Tunja, la red hidrográfica que nace en las cercanías de la ciudad (río Jordán o Chulo) y atraviesa los valles de Duitama y Sogamoso fluye hacia el noroccidente, consolidándose en el sistema Chicamocha–Sogamoso, que también desemboca en el Magdalena. Así, mientras una provincia se organiza en torno a un curso que desciende hacia el sur, la otra lo hace a partir de corrientes que se proyectan hacia el norte, configurando una oposición direccional que no rompe la unidad última del sistema, pues ambas convergen finalmente en la misma gran arteria fluvial.


En el espacio liminal entre estos dos territorios se sitúa, además, un cuerpo de agua de especial significación: la laguna de Fúquene, también conocida como "laguna de Tinjaca". Este espejo de agua, ubicado en una zona de transición, podría interpretarse simbólicamente como un umbral acuático que media y equilibra la tensión entre los dos ámbitos. 


Así, más que como simples divisiones jurisdiccionales, los mapas de las dos provincias podrían leerse como una expresión cartográfica de una dualidad profunda enraizada en la cosmovisión indígena muisca, donde la diferencia no implica fragmentación, sino complementariedad y equilibrio estructural.


Como un referente que puede respaldar lo aquí planteado, resulta pertinente traer a colación el “Mapamundi del Reino de las Indias del Perú”, obra del cronista indígena Guamán Poma de Ayala, descendiente de la nobleza incaica, que, al igual que Diego de Torres, —aunque algunas décadas después— elaboró hacia 1615 su célebre Primer nueva corónica y buen gobierno, concebida como una estrategia para denunciar ante el rey Felipe III la situación de los indígenas en el virreinato del Perú.


"Mapamundi del reino de las Indias" de Felipe Guamán Poma de Ayala en Primer nueva corónica y buen gobierno. ca. 1614.


En este mapa se sitúa al Cuzco como centro del mundo, representando más bien el   Tahuantinsuyu que el dominio colonial español. Aunque la localización de varias ciudades es imprecisa, el mapa muestra su distribución dentro de estas divisiones territoriales y destaca el eje de caminos que conectaba Santa Fe de Bogotá con Santiago de Chile. Si bien emplea recursos propios de la tradición cartográfica europea, la representación conserva un marcado carácter simbólico vinculado a la cosmovisión andina. Desde el Cuzco parten diagonales que dividen el territorio en los cuatro suyos (Chinchaysuyo, Collasuyo, Antisuyo y Condesuyo), mientras que la organización espacial —según diversos autores (24)— expresaría el principio andino de dualidad complementaria entre hanan (superior, masculino, derecha) y hurin (inferior, femenino, izquierda). Estas oposiciones no implican jerarquías absolutas, sino relaciones de complementariedad y equilibrio, principio que estructura la concepción andina del mundo, la organización social y la interpretación del territorio (25).


Esquema del "Mapamundi del reino de las Indias". "Cuzco está en el centro del imperio de los cuatro suyos". Según Deler (2008).


Inspirados en este tipo de enfoque, proponemos a continuación un corema (26), o modelo gráfico esquemático, en el que sintetizamos la posible estructura de organización del espacio geográfico y simbólico representado en los mapas de las provincias de Tunja y Santa Fe elaborados por Diego de Torres, así como algunos elementos que podrían estar arraigados en la cosmovisión indígena muisca.


Modelo gráfico esquemático de los mapas de las provincias de Tunja y Santa Fe de Diego de Torres. Análisis y dibujo de Diego Martínez Celis, Sabanografías, 2026.


Se parte de un espacio unitario, equivalente al altiplano cundiboyacense y al antiguo territorio muisca, circundado por cadenas montañosas y diferenciado, aunque comunicado por vías fluviales, con los territorios de los Llanos y el valle del Magdalena. Este territorio se divide en dos mitades correspondientes a las provincias coloniales de Tunja y Santa Fe, que a su vez podrían equivaler a los antiguos dominios indígenas del Zaque y del Zipa.


En cada una de estas mitades, el territorio es atravesado por un río principal —el Chicamocha en Tunja y el Bogotá en Santa Fe— que nacen en el parteaguas que marca su límite interno y corren en sentidos contrarios, aunque ambos terminan desaguando en el gran río Magdalena. En ambos casos, hacia el oriente se representan dos ríos o vías principales de comunicación con la región de los Llanos, así como una laguna sagrada situada en su mitad superior (Tota y Guatavita).


Como separador —y a la vez conector— entre estas dos partes aparece, en su mitad inferior, la laguna de Fúquene, en cuyos alrededores se asentaron, antes de la invasión europea, varios cacicazgos independientes. A diferencia del mapa de Diego de Torres, aquí tomamos como centro de la provincia de Santa Fe a la población indígena de Bogotá (hoy Funza), cuyo papel como centro de poder fue desplazado por los españoles al fundar la ciudad de Santa Fe (hoy Bogotá).


El resultado es una estructura compacta pero dual, atravesada por tensiones norte–sur y por la presencia de espacios liminares o conectores, como la laguna de Fúquene, además de flujos hídricos que vinculan el altiplano con regiones vecinas geográfica y climáticamente distintas, como las tierras bajas y cálidas. Se advierte así una lógica de tensión y complementariedad entre opuestos —norte/sur, arriba/abajo, frío/caliente— que podría corresponder con el principio de dualidad identificado en los grupos indígenas de los Andes orientales y, más ampliamente, con una concepción andina del mundo, tal como también se expresa en el mapamundi elaborado por Felipe Guamán Poma de Ayala para el caso del Perú.



Conclusiones


Los mapas de las provincias de Santa Fe y Tunja elaborados por el cacique Diego de Torres en 1584 constituyen documentos excepcionales que trascienden su aparente simplicidad gráfica para revelarse como instrumentos políticos, testimoniales y culturales de gran complejidad. Concebidos en el contexto de su Memorial de agravios presentado ante el rey Felipe II, estos mapas no solo buscaban ofrecer una representación del territorio del Nuevo Reino de Granada, sino también reforzar visualmente la denuncia de los abusos cometidos contra la población indígena. En este sentido, la cartografía se convierte en una estrategia retórica destinada a hacer visible ante la Corona la magnitud territorial, humana y moral de los agravios denunciados.

El análisis iconográfico permite reconocer que, lejos de ser simples bocetos, los mapas presentan una notable coherencia interna en términos de escala, orientación y localización de poblados, ríos y límites jurisdiccionales. Los cálculos de distancias y rumbos demuestran un grado de aproximación sorprendentemente alto para la época, lo que sugiere un profundo conocimiento del territorio basado en la experiencia directa, la memoria espacial y los saberes geográficos locales.


Localización de los diversos hitos geográficos y superposición de los límites del territorio de las provincias de Tunja y Santa Fe en los mapas de Diego de Torres (1584), sobre la base de Google Earth (2026). Análisis, localización y dibujo de Diego Martínez Celis, Sabanografías, 2026.


Asimismo, la representación densa de poblados indígenas, identificados mediante iglesias y topónimos en lengua chibcha, revela una intención deliberada de destacar la presencia de una amplia población indígena cristianizada que debía ser protegida por la Corona. Al mismo tiempo, las anotaciones marginales introducen una dimensión narrativa y testimonial que denuncia el despoblamiento, la explotación laboral y la violencia asociada a la conquista y al régimen colonial.


Los elementos simbólicos presentes en la composición —como la orientación marcada por soles antropomorfos, la centralidad de ciertos cuerpos de agua o la organización del territorio en dos grandes ámbitos provinciales— sugieren además la posible persistencia de esquemas de pensamiento vinculados a la cosmovisión indígena. En este sentido, los mapas pueden interpretarse como el producto de una mentalidad híbrida que articula recursos de la tradición cartográfica europea con formas de concebir el espacio arraigadas en la cultura muisca.


En conjunto, estos documentos no solo aportan uno de los testimonios cartográficos más tempranos del Altiplano Cundiboyacense, sino que también revelan la capacidad de un actor indígena —situado en la compleja frontera cultural del mundo colonial— para apropiarse de los lenguajes políticos y visuales de su tiempo con el fin de defender su legitimidad, su linaje y los derechos de su pueblo. De esta manera, los mapas de Diego de Torres pueden comprenderse no solo como representaciones del territorio, sino como expresiones materiales de una identidad mestiza en tensión y como parte de una temprana tradición de pensamiento y activismo crítico frente al orden colonial.


..........................


Al recibir los mapas de manos del cacique de Turmequé, Felipe II los observó durante unos instantes y, algo confundido, pidió que se los explicara. Don Diego, emocionado, comenzó a recorrer con su dedo índice las sinuosas líneas que marcaban límites, cerros, ríos y poblados, mientras pronunciaba —ante el monarca— nombres extraños de una lengua ignota. Sin lograr ubicarse del todo en aquella geografía indiana, el rey se dejó llevar por el tono y la cadencia del acento muisca del mestizo, hasta sentir que, como en un ensueño, se transportaba allende el mar hacia las insospechadas altiplanicies andinas del Nuevo Reino, que imaginaba como islas templadas en medio del sopor inclemente de los trópicos. En su imaginación navegó por el Río Magdalena en un champán impulsado por veinte indios; remontó la cordillera hasta divisar el antiguo lecho lacustre donde se asentaba la incipiente ciudad de Santa Fe de Bogotá; se dejó llevar en balsa por el sempiterno fluir del Río Bogotá y, tras un reflejo dorado, se sumergió en las gélidas aguas de la Laguna de Guatavita. Más al norte, en Tunja, los vientos de los páramos y el sol frío de las alturas le templaron la piel. Luego descendió por las gargantas profundas del Cañón del Chicamocha hasta regresar nuevamente al gran río, siempre en su champán, ahora rumbo al mar... Fue entonces cuando despertó de aquella ensoñación y advirtió que seguía en su despacho de Madrid, en la lluviosa mañana de aquel frío enero de 1584.



Notas


  1. Según Linés (1998), el comienzo de 1584 debió ser lluvioso, como “continuación de los temporales del año anterior".  

  2.  Aunque diversas investigaciones han señalado que él mismo se identificaba como “Don Diego de Torre” (sin la s final), en algunos documentos coloniales también aparece mencionado como “Diego de la Torre”. No obstante, la forma que terminó imponiéndose en la historiografía es “Diego de Torres”, en buena medida debido a la interpretación —y a veces a la estandarización— que hicieron los escribanos al transcribir su nombre en distintos expedientes y registros oficiales.

  3.  Documento que hoy reposa en el Archivo general de Indias de Sevilla bajo la signatura AGI. PATRONATO,196,R.16.

  4. Ver por ejemplo: Rojas (1965), Galvez (1974), Hoyos y Rappaport (2007), Restrepo (2010), Rappaport (2012), Corredor (2023), Muñoz (2023), Zalamea (2023) y Kasmi (2024). 

  5.  Teniendo con cuenta que los aspectos del carácter indígena de Don Diego aquí referidos han sido extraídos, en su mayoría, de las declaraciones de testigos en su contra (quizás muchos de ellos sobornados por las autoridades corruptas que buscaban a toda costa condenarlo), reconocemos que existe un margen de incertidumbre sobre su veracidad.

  6. Rappaport (2012).

  7. Rappaport (2012), Zalamea (2023). 

  8. Término sinónimo de noble, aunque coloquialmente se utilice el término para referirse a la nobleza no titulada, y que hace referencia a hijo de algo o hijo de alguien. https://dpej.rae.es/lema/hijodalgo

  9.  Gálvez (1974).

  10.  “El término hoa, registrado en fuentes de archivo, es una variación dialectal que fue empleada en los alrededores de Turmequé y Tunja. (Ver Gamboa. Las instituciones indígenas de gobierno en los años posteriores a la conquista. Pág. 141)” Tomado de https://muysca.cubun.org/hue 

  11. Rappaport (2012).

  12. Para la labor de interpretación paleográfica se contó con el gentil apoyo de la historiadora y arqueóloga Lorena Rodríguez Gallo.

  13. Ver por ejemplo: “Descripción del Nuevo Reyno [Santafé 9 de junio de 1572]” en Tovar, (1995).

  14. La definición de Altiplano Cundiboyacense puede resultar problemática. Según el Real Academia Española (DRAE), un altiplano es una “meseta de mucha extensión, situada a gran altitud”. Si se aplicara esta definición de manera estricta al territorio que hoy comparten los departamentos de Cundinamarca y Boyacá, el término debería restringirse a las superficies relativamente planas que conforman los valles de Bogotá (la Sabana), Ubaté, Tunja y Sogamoso. No obstante, en ámbitos geográficos, ambientales, históricos y arqueológicos, el concepto de Altiplano Cundiboyacense suele ir más allá de esa acepción estrictamente geomorfológica. Con frecuencia incorpora criterios ecológicos, culturales o políticos (entre otros) que permiten incluir no solo las planicies interandinas, sino también las cadenas montañosas interiores y los sistemas que circundan dichos valles. En consecuencia, no existe un criterio único ni una cartografía plenamente unificada de esta región, ya que su delimitación depende del enfoque disciplinar y de los propósitos analíticos desde los cuales se la aborde.

  15.  Paz (1887), Triana (1922), Falchetti y Plazas (1972), Ramírez y Sotomayor, (1986-1988);  Martínez Celis (2021), Argüello (2023).

  16. Ver por ejemplo: Falchetti y Plazas (1972), Ramírez y Sotomayor, (1986-1988).

  17. El denominado “Río de Oro”, que nace en el páramo de Berlín (actual departamento de Santander) y más adelante se une al Lebrija, fue célebre durante la Colonia por la riqueza aurífera de sus aluviones, circunstancia que impulsó la temprana ocupación y el poblamiento de la región donde luego surgirían Girón y Bucaramanga. No obstante, en el mapa de Diego de Torres, el “Río de Oro” parece corresponder más bien al Chicamocha–Sogamoso. Es posible que el texto no aludiera con precisión hidrográfica al curso santandereano, sino que pretendiera señalar su localización aproximada, la cual sí se representa hacia el noroccidente y fuera de los términos de Tunja.

  18. Zalamea (2023) 

  19.  La medida de la legua castellana sería de aprox. 5.5 kilómetros (o el equivalente a lo que una persona o una mula podía caminar en una hora).

  20.  Para la provincia de Tunja, si se toman las distancias extremas entre “Tequia” (26 leguas) al norte y “Lenguazaque” (9 leguas) al sur, la extensión resultante sería de 35 leguas (192 km). Esta cifra se aproxima a mediciones modernas —por ejemplo, Google Earth estima unos 189 km—, lo que sugiere una correspondencia razonable entre la representación histórica y la realidad territorial. De manera similar, en la provincia de Santa Fe la distancia entre “Simijaca” y “Sutagaos” es de 28 leguas (154 km), muy cercana a los 160 km obtenidos con Google Earth. Estas coincidencias refuerzan la idea de que las distancias consignadas en el mapa reflejan un conocimiento práctico del territorio por parte de Diego de Torres, aun expresado mediante unidades y convenciones propias de su época.

  21.  Ver Mundy (1996, 1998) o García Redondo (en línea)

  22. Lleras (1996), Niño Murcia (2015)

  23. Ver por ejemplo: Falchetti y Plazas (1972), Ramírez y Sotomayor, (1986-1988).

  24. Adorno (2000), Wachtel (2017).

  25. Sanchis-Álvarez (2021).

  26. Un corema (del francés chorème) es un modelo gráfico y esquemático, creado por el geógrafo Roger Brunet en la década de 1980, diseñado para representar las estructuras fundamentales de la organización del espacio geográfico. Utiliza formas geométricas y símbolos simples para abstraer la complejidad territorial, enfocándose en elementos como redes, flujos, centros y periferias



Bibliografía


Adorno, Rolena and ACLS Humanities E-Book. (2000). Guamán Poma: Writing and Resistance in Colonial Peru. Austin: University of Texas Press, Institute of Latin American Studies.


Argüello García, Pedro María. (2023). "El patrón de poblamiento prehispánico en el altiplano cundiboyacense y sus consecuencias en la constitución de la sociedad colonial". Revista Colombiana De Antropología, 59(3), 158–181. https://doi.org/10.22380/2539472X.2467


Manso Porto, Carmen. (2012). "Los mapas de las Relaciones Geográficas de Indias de la Real Academia de la Historia". Revista de Estudios Colombinos nº 8, junio (pp. 23-52).


Corredor Acosta, María Paula. Entre el laberinto jurídico de la monarquía hispánica: el caso de un cacique del Nuevo Reino de Granada (1571-1578). Bogotá: Universidad del Rosario, 2017: https://repository.urosario.edu.co/bitstream/handle/10336/13580/CorredorAcosta-MariaPaula-2017.pdf?sequence=1&isAllowed=y


Deler, Jean-Paul. (2008). “La Ciudad colonial andina en los ojos de Guamán Poma de Ayala”, Procesos. Revista ecuatoriana de Historia , N° 27, 2008/1, p. 5-17.


Falchetti, Ana María y Plazas de Nieto, Clemencia. (1972). "El territorio de los Muiscas a la llegada de los Españoles". Cuadernos de Antropología. No. 1. Universidad de los Andes, Bogotá.


Galvez Piñal, Esperanza. (1974). La visita de Monzón y Prieto de Orellana al Nuevo Reino de Granada. Sevilla: Escuela de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla.


García Redondo, José María. "Cartografía tradicional de los pueblos de México. Mapas indígenas y mestizos". En https://www.centroricardobsalinaspliego.org/ayc-biblioteca/cartografia-tradicional-de-los-pueblos-de-mexico-mapas-indigenas-y-mestizos/


Hoyos, Juan Felipe, y Rappaport, Joanne. (2007) “El mestizaje en la época colonial: un experimento documental a través de los documentos de Diego de Torres y Alonso de Silva, caciques mestizos del siglo XVI.” Boletín de Historia y Antigüedades 94, no. 837 (junio 2007): 301- 318.


Kasmi, Shems. (2024). "La fuga nocturna del cacique de Turmequé y su presunta red de mestizos del Nuevo Reino de Granada durante la visita de Juan Bautista Monzón (1581-1583)", HispanismeS [En línea], Hors-série 7 | 2024, Publicado el 02 diciembre 2024. URL: http://journals.openedition.org/hispanismes/21138


Linés, Alberto (1998). "El tiempo atmosférico en el siglo de Felipe II". Separata de la obra Felipe II y su época. San Lorenzo del Escorial. Actas del Simposium** San Lorenzo del Escorial, l/5-IX-1998.


Lleras, Roberto. (1996). "Las estructuras de pensamiento dual en el ámbito de las sociedades indígenas de los Andes Orientales". Boletín Museo del Oro, Núm. 40. Bogotá.


Martínez Celis, Diego. (2021). Gachantivá. Historia, Memoria y Patrimonio Cultural. Alcaldía municipal de Gachativá.


Mundy, Bárbara E. (1996), The Mapping of New Spain. Indigenous Cartography and the Maps of the Relaciones Geográficas. Chicago-Londres: The University of Chicago Press.


Mundy, Barbara E. (1998), “Mesoamerican Cartography”, en David Woodward y G. Malcolm Lewis (eds.), The History of Cartography, vol. II, lib. 3, Cartography in the Traditional African, American, Arctic, Australian, and Pacific Societies. Chicago: University of Chicago Press, pp. 183-256.


Muñoz Arbeláez, Santiago. (2023). “Un mestizo trasatlántico y sus dibujos del Nuevo Reino de Granada”. En Díaz Ángel, Sebastián; Duque Muñoz, Lucía; Muñoz Arbeláez, Santiago y Picón Rodríguez, Anthony (Eds.). Entre Líneas. Una historia de Colombia en mapas. Universidad de los Andes, Editorial Planeta, Crítica. Bogotá.


Niño Murcia, Carlos. (2015). Territorio Chamánico. Una mirada desde la arquitectura a la manera indígena de construir y ocupar su territorio. Instituto Colombiano de Antropología e Historia, Bogotá.


Paz, Manuel María. (1894). "Carta del Territorio de los chibchas". En Restrepo, Vicente. Los Chibchas antes de la conquista española. Atlas Arqueológico. Imprenta de La Luz, Bogotá.


Ramírez de Jara, María Clemencia y Sotomayor, María Lucía. (1986-1988). "Subregionalización del altiplano cundiboyacense. Reflexiones metodológicas". Revista Colombiana De Antropología, Vol. XXVI, Instituto Colombiano de Antropología. Bogotá.


Rappaport, Joanne. (2012) “Buena sangre y hábitos españoles: repensando a Alonso de Silva y Diego de Torres”. Anuario colombiano de historia social y de la cultura 39, No. 1 (2012): 19-48. 


Restrepo, Luis Fernando. (2010). “El cacique de Turmequé o los agravios de la memoria.” Cuadernos de literatura 14, no. 28 (julio 2010): 14-33. 


Rojas, Ulises. (1965). El Cacique de Turmequé y su época. Tunja: Imprenta departamental. 


Sanchis-Álvarez, Robert. Las ciudades de Guaman Poma. https://storymaps.arcgis.com/stories/f710dcc913a74bfc9468f5f25e32b9b6


Tovar, Hermes. (1995). “Descripción del Nuevo Reyno [Santafé 9 de junio de 1572]” en Relaciones y visitas a los Andes. S XVI. Tomo III Región Centro Oriental. Colcultura, Instituto Colombiano de Cultura Hispánica. Bogotá.


Triana, Miguel. (1984 [1922]) La civilización Chibcha. Biblioteca del Banco Popular Tomo 4. Banco Popular Bogotá. .


Wachtel, Nathan. (2017) La visión de los vencidos. Los indios del Perú frente a la conquista española. Lima: Ceques Editores.


 Zalamea, Patricia. (2023). “Los dibujos del Cacique de Turmequé: Reclamar justicia en un contexto colonial.” Número monográfico Teoría decolonial, transculturación, posiciones Latino- Americanas – Entretejiendo historias del arte, editado por Miriam Oesterreich y Franziska Koch. MIRADAS – Revista de Historia del Arte y la Cultura de las Américas y la Península Ibérica 7 (2023): 79-86, doi.org/10.11588/mira.2023.1.96225.





Comentarios


Suscríbase para recibir más Sabanografías

¡Muchas gracias por suscribirse!

© 2023 DIVULGARK. Powered and secured by Wix

  • Facebook
  • Twitter
bottom of page